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Don’t stop desahucios

Revisas el grupo de difusión DesnonamentsBCN en Telegram y se te cae el alma al suelo. Una decena de avisos de desahucios al día, y algunos días bastante más. Revisas el recuento de desahucios de la página web de la PAH, otra bofetada: En lo que llevamos de octubre (7 días, al escribir estas líneas) ya van 17 desahucios. Solo del 14 al 18 de septiembre, cuando se reactivaron los juzgados después del verano, se produjeron en Barcelona 149 avisos de desahucio, según las mismas fuentes.

Hace diez días, sin embargo, el gobierno anunció la prórroga hasta 2021 de las medidas especiales aprobadas en marzo, al comienzo de la pandemia. Entre esas medidas, la cancelación de los desahucios. ¿De todos? No.

Para acogerse a esta medida es necesario demostrar vulnerabilidad sobrevenida a causa de la pandemia y no disponer de alternativa habitacional. Explica el portavoz de la PAH Barcelona, Santi Mas de Xaxàs, que practicamente nadie de la gente que acude a sus asambleas se puede acoger a las medidas del gobierno: “Las medidas son un engaño porque dice que acaba con los desahucios y no es verdad, desde nuestro punto de vista genera discriminación entre los ciudadanos que son vulnerables por culpa de la covid y los que ya lo eran. Cerca de la inconstitucionalidad, incluso, al crear estas desigualdades”.

La vulnerabilidad se calcula teniendo en cuenta los ingresos del mes anterior a la solicitud de la moratoria, si en septiembre cobraste más de 1.614 euros, no te puedes acoger a la moratoria de desahucio. Ni que decir tiene que si te encuentras viviendo en precario, ocupando una casa, no puedes acogerte de ninguna manera a esta medida. A estas dificultades, hay que sumar el laberinto burocrático. Ha de ser la persona o familia afectada la que solicite la suspensión del desahucio, presentando a la administración un documento acreditativo del paro ingresado, del ERTO, o del cese de actividad en caso de ser autónomo. Así que no se han parado los desahucios, sino todo lo contrario.

A efectos prácticos, lo que está pasando desde que en agosto cerrasen los juzgados y, por lo tanto, no hubiese desahucios, es que el sistema judicial está colapsado. Según los datos de la PAH, durante la pandemia se dejaron de ejecutar 800 sentencias de lanzamiento, debido a los meses de estado de alarma y parón y el cierre de juzgados en verano.

Esas sentencias sin ejecutar parece que les queman en las manos a los jueces y juezas. Desde la PAH denuncian que los grandes propietarios (fondos buitre de inversión) no atienden a la ley 24/2015. Pero tampoco lo hacen los jueces, rebosantes de ejecuciones pendientes, que ordenan desahucios sin un alquiler social ofrecido por parte de esos fondos, grandísimos propietarios, tal y como manda esa ley.

Todo este baile de cifras de números y leyes por cumplir se traduce en familias en la calle. En el primer trimestre de 2020, más de 9.600 desahucios. En solo 5 días, del 14 al 18 de septiembre se produjeron en la ciudad de Barcelona 149 avisos de desahucio: “En nuestras asambleas tenemos más casos que nunca —explica el portavoz Mas de Xaxàs—. Para octubre ya hay programados más de veinticinco desahucios, y subiendo”. Desde los sindicatos de vivienda señalan 170 avisos de desahucio la semana del 28 de septiembre y más de 215 para esta semana en Barcelona. Todos coinciden en que estas cifras demuestran que las medidas tomadas por el gobierno de España no funcionan.

Las medidas del gobierno son un engaño porque dicen que acaban con los desahucios y no es verdad

Una mañana de desahucios por el Raval

Ante la situación, que es grave, la respuesta de la PAH y sindicatos de vivienda de barrio es la de siempre. Denuncia y resistencia. Si cuando revisas el grupo de Telegram de DesnonamentsBCN no haces más que ver avisos de desahucio, también es cierto que se pueden ver como algunos de ellos se consiguen parar.

El recuento de octubre de la PAH, por ejemplo, refiere 4 desahucios suspendidos y 1 parado. Pequeñas victorias, casos que, ya sea por la presión popular y los movimientos sociales, o por la mediación del servicio municipal, el SIPHO (Servei d’Intervenció en situacions de Pèrdua de l’Habitatge i Ocupacions), se acaban parando.

Uno de los desahucios más simbólicos, que se consiguió parar, fue el de la vecina de la Rambla Maite Mendivil. Fue el 1 de octubre, una mañana repleta de avisos de desahucio, sobre todo en Ciutat Vella y el Poble-Sec. Maite Mendivial es una de las últimas personas que residen en tal calle.

A primera hora de la mañana un grupo de manifestantes se sentó ante la puerta del inmueble. Los Mossos los dejaron dentro de su cordón de cintas, policías y furgones, con el que delimitaban el área de acceso al edificio. Los silencios de tensión se iban interrumpiendo con cánticos a favor de la lucha por la vivienda. “¡Este desahucio lo vamos a parar!”, coreaba el centenar de personas concentradas delante del número 75 de la Rambla.

De repente, las miradas que hasta ahora estaban centradas en los movimientos policiales, se alzan hacia la azotea. Fue bastante sonado, se pintó de rosa a los Mossos y se les lanzó confeti, arroz y globos desde la azotea. Azotea a la que por cierto llegaron los Mossos entrando por el edificio contiguo y saltando de terrado en terrado. Antes que llegara la comitiva judicial, también. Al final se paró, entre la presión popular y el servicio municipal de mediación.

En el Raval, hay personas sin techo que prefieren dormir en un entorno violento como un narcopiso antes que dormir en la calle

Este primero de octubre también se paró el desahucio del local de la calle Riereta. Este era algo especial, y responde a las necesidades y casuísticas propias del Raval. Una de las maneras que tienen los vecinos del barrio de autorganizarse y mejorar su barrio es estar atento a cuando la policía desaloja algún narcopiso para entrar a ocuparlo lo antes posible. Pasa en la calle dels Salvador, donde se lee la pancarta de Benvinguts al super de la droga, en la calle de allá, en la de más allá, y pasó en Riereta 3. A veces los vecinos ocupan el antiguo narcopiso para que viva alguna familia vulnerable. A veces los ocupan para hacer talleres, o espacios vecinales, o a veces lo ocupan personas jóvenes, activistas sociales, como es el caso de Riereta, 3.

“En el narcopiso que había aquí se vivía mucha violencia, dentro de él, pero también generaba violencia hacia el barrio”, describía Judith, una de las integrantes del piso. Junto con Garazi, que estaba terminando de preparar el café de buena mañana, explicaba la historia del local. “Los vecinos agradecieron mucho todo el curro que hicimos cuando llegamos [adecuar un antiguo narcopiso], la vecina del cuarto nos regaló la nevera y la lavadora cuando se fue, eran nuevas y nos las dio a cambio de bajarlas nosotras”, añade la activista.

Un día antes del desalojo se sentaron en el pequeño patio trasero del piso-local y explicaron cómo es la vida en Riereta. “La relación con las comunidades del barrio es muy intensa. Estamos al lado del Ágora [Juan Andrés Benitez], de la Sole, de Metzineres, del Lokal… por Riereta 3 pasa medio barrio”, comenta con un tono divertido Garazi. Aunque estas visitas se alternan con las de la policía, cuya alarma suena cada dos por tres por las calles de la zona, muchas veces en busca de narcopisos.

“Una vez vives en el Raval, ves que más allá de todo lo negativo que comporta un narcopiso hay un montón de peña que no puede ir a los servicios de venopunción de Baluard [cerca de ahí, en el Raval Sur] porque están saturados o cerrados por la noche. Personas que no tienen techo y prefieren vivir en un foco de violencia como un narcopiso que en la calle… da para pensar, dice mucho de lo que pasa en la calle y no vemos”, reflexionaba Judith mientras daba sorbos a un zumo que había agarrado de la nevera. “No se actúa sobre el problema, solo se responde policialmente. La macrorredada queda muy bien, muy heroica, pero al final pagan los de siempre, entra en la cárcel el chavalillo que vende hachís y el jefe sigue fuera”, añaden las activistas terminándose las frases entre ellas.

Los precios de la vivienda bajan y los fondos buitre quieren vender, pero cada vez les cuesta más encontrar compradores para sus pisos

Al día siguiente, bajo el mural del activista Pere Cuadrado que decora la puerta del local, espera un desayuno destinado a todo aquel que quiera sumarse a evitar el deshaucio. Hummus artesano, pan, dulces, café, zumo… Con el desahucio de la Rambla parado, todo apunta a que en poco tiempo la policía aparecerá en Riereta. Las aceras de la calle están repletas de personas que de tanto en tanto se apartan cuando pasa algún conductor. Parece que no falta nadie, hasta ha venido también el personal encargado de colocar puertas y alarmas una vez se desahucie el piso. Pasan las horas y la policía nunca llega. La mañana de tensión termina para Garazi y Judith, que ven como después de 8 horas haciendo guardia, su desahucio termina por suspenderse, hasta quién sabe cuándo.

El local de Riereta, 3 está gestionado por Divarian, inmobiliaria participada por el BBVA (con un 20%) y el fondo de inversión Cerberus con el 80% restante. Esa mañana de 1 de octubre se pudieron ver en la calle Riereta los monos rojos distintivos de la campaña #GuerraACerberus. Una campaña que se reactiva pasado el confinamiento para denunciar las prácticas de este fondo, que no es cualquiera. Durante la crisis compró pisos y pisos (por valor de unos 50.000 millones de euros) de cajas y bancos de infausto recuerdo, como Bankia, Cajamar, Liberbank, de la propia Sareb, y del BBVA, con quien comparte el pequeño local de Riereta, 3.

El portavoz de la PAH de Barcelona advierte del aumento de casos que están notando, provenientes de fondos como Divarian: “Son pisos que deberían poder acceder al alquiler social tal y como marca la ley 24/2015, pero los fondos buitre como Divarian no siguen la ley”. ¿Quién recoje beneficios? La ciudadanía no, pero los fondos lo intentan a toda costa: “Es evidente que ahora los precios de la vivienda bajan, —explica Mas de Xaxàs— y los fondos buitre quieren vender. Blackstone quería vender un paquete importante de viviendas, y ven que les cuesta mucho más que antes encontrar comprador. Por eso la gran propuesta de los grandes propietarios es que se le concedan créditos a las familias para que puedan seguir pagando el alquiler.” O sea, más deuda. Otra vez.

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