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Orslok, hackeando la felicidad en Youtube

Germán García es uno de los creadores de contenido más respetados de la plataforma (300k seguidores), forma parte de una de las primeras generaciones de ‘youtubers’, y sus vídeos rompen esquemas. El joven se considera un terrorista contra la fórmula, habla sobre depresión e hipervisibilidad, y reflexiona a la velocidad del ‘story’ sobre perjuicios asociados a las redes.

El frío ha llegado a Madrid de un día para otro. Y ni siquiera una mullida bomber protege a Germán García (1995). Mucho menos los tatuajes –tiene una buena segunda piel que sólo asoma por el cuello y las mangas de la chaqueta– y los anillos que cancanean entre sus dedos. Además ya no luce melena metalera. Sólo un escueto bigote.

Orslok, como le conoce su vasta comunidad (300K suscriptores en Youtube, casi medio millón entre todas sus redes), hoy se ha levantado con “cinco kilos de moco en el cuello”. “No era buen día. Después de esta entrevista tengo un acto con PlayStation y el fin de semana bolo con Yo Interneto…”, cita, carraspeando. Aún así, al cabo de una hora de conversación, a la cajetilla de cigarros mentolados le caben ya varios mecheros.

Sin más humo que el de los pitis, Orslok reflexiona sobre las bondades y males que vive en piel propia: perjuicios asociados a las redes, algo compartido con sus colegas, la generación top de Youtube España (El Rubius, Alexby y demás). Orslok practica terrorismo contra la fórmula audiovisual, usa sin tapujos el glitch en la edición y trata la depresión en los contenidos de sus vídeos; así como los tabúes sobre la relación, a veces de pesadilla, entre el yo y los fans. También cuestiona la rueda infinita de maquillaje que provoca Instagram: la otra cara –menos brilli-brilli y glamurosa, más compleja de lo aparente– de vivir en streaming.

Vivir en streaming… ¿Es?

Es muy difícil poner esto en palabras y que no suene a mítico discurso caduco de persona de 50 años. [Ríe] Me hace gracia, pero me jode, porque vivo de las redes sociales. Tienen un millón de cosas buenas, y no dudo que el problema es de mercado y de enfoque de las personas, pero es que terminan capitalizando vidas privadas. Y no sólo por la intimidad, sino porque ves tu vida como un videoclip; vivir tu vida con una audiencia es chungo. Yo hace cinco años que no tengo redes sociales a nivel personal. No me imagino un Instagram sin esa posición de yo y fans. Todos cogemos modelos de vida que interpretamos merecen la pena ser vividas. Vidas que se puedan envolver en papel de regalo.

¿Vidas en las que cada día parece que uno esté en el festival Coachella?

Todo lo que haga, si no atraviesa una retina ajena, no lo he hecho. Ese es el paradigma. Lo que vendrá después de Instagram es el directo puro, no hablo de algo orwelliano, eh, hablo del siguiente paso. Eso de que para que una vida cobre sentido necesita una audiencia que la observe constantemente. Es la nueva religión: poner tu vida en términos narrativos. Tu vida tiene que dar una narrativa general, sino, qué sentido tiene.

¿Y para eso hace falta mucho público?

¿Qué necesita una película? Una audiencia. Todo el mundo tiene esa sensación, aún con 100 seguidores. ¿Y qué es el contenido? La vida de uno mismo. No somos creadores profesionales. Es poner un escaparate y destacar elementos. ¿Y qué pasa? Que todos los elementos que no se destacan van a la sombra, y no han merecido la pena, porque nadie los ha visto. Somos una generación que, como yo lo veo, llevamos en el genoma un déficit de atención tremendo; yo me he criado con pantallas con colores y sonidos, somos una generación que por criarnos en el auge cultural del siglo XXI, con más contenido que nunca, ya nacimos demandando actuar. Todos.

Cuánta frustración.

Todos queremos ser los que se suben al escenario, pero para eso hace falta otro que esté en el público. Los medios convencionales no admitían a todo el mundo; ese resto del mundo que no podía estar en cine ni teatro ha sido capitalizado por las redes sociales. Es una pesadilla, porque actúas todo el rato, a todas horas. Y además, con los tonos que marca Instagram. Cómo transformar lo que yo soy en una imagen potable.

Si se vive de esto, ¿cuesta encontrar cosas que no sean para consumo de otro?

[Ríe] Me encantaría tener una perspectiva de mi vida sin una audiencia. Aunque tampoco sea el puto Rubius. Yo con las redes sociales no tengo relación sin contenido para la gente. No sé cómo sería mi vida si no hubiese habido tanta gente que me valide por ser yo.

Si no hubiese perspectiva profesional en esto, ¿seguiría ese chip de la aprobación mediante redes?

Realmente creo que la validación la buscamos todos por medios ultra chungos. Lo que opine usuario X de Instagram, me la suda, lo que me importa es el apoyo. Pero no sé, volviendo a la pregunta, creo que sería como cualquier usuario de Twitter que hace un tuit gracioso y tiene 20 RT y hace de ese el día más feliz de su vida. Todo es proporcional.

Tu generación fue pionera en el uso de Youtube.

Es curioso el cambio de paradigma de Youtube de los últimos tiempos. Yo con 13 o 14 años estaba subiendo gameplays a Youtube como el mayor niño rata, y odio decir esto, porque es de polla vieja, pero con esa edad en el colegio, uno de mis mayores miedos era que mis compañeros descubrieran mi canal. Y ahora todos los chavales tienen canal y hablan de lo que subirán. Es otro rollo.

Por qué empezaste, ¿si estaba mal visto?

Para ponerte en posición de ganarte la validación primero tienes que estar dispuesto a correr riesgos; siempre hay un punto de narcisismo necesario para merecer atención por grabar. Tienes que tener la consideración contigo mismo de que lo que tienes que decir es importante. Y ese narcisismo conlleva el riesgo de hacer el ridículo. A la mayoría de gente que me encuentro le gusta mi contenido, pero habrá quien se haya cruzado conmigo y haya pensado: ‘El gilipollas este, ¿qué hace?’. La imagen de un tío contando algo provoca un ‘quién coño se cree que es’. Pero don’t tread on me, el beneficio conlleva el riesgo.

¿Riesgo?

Los chavales creen que todo es una crecida a favor. Pero en Youtube empiezas en negativo, con posibilidades de perder. Iba a decir que hay que tener mucha seguridad en uno mismo, pero no es así. Yo no la tengo. Pero tienes que tener cierto grado de sudapollismo. Sigo batallando con eso: todo lo que hago me produce repulsión. No me trago a mi mismo. Y pienso: ‘¿De verdad estás tan jodido para ser fan mío?’. [Ríe]

¿Hace falta mucho cinismo para estar en esta movida?

Es una cuestión de perspectiva, como todo.

¿Cuáles son tus compromisos?

Yo considero que destaqué por atentar contra la fórmula. El 99% de casos en Youtube son un tío con una sonrisa, energía alta y gesticulando mucho. Yo metí la perspectiva de que no todo el mundo que consume Youtube se siente así todo el rato. ¿Un tío que ya empieza el vídeo de mala leche? Es raro. Lo que me hace más gracia es lo que más atenta contra la fórmula. Cuestión de contrastes.

No hay muchos que hablen de lo que tú en Youtube. Pero, en sí, Youtube ha supuesto la validación de un perfil muy denostado: el gamer, el rarito.

Youtube es un medio que se ha comido a la televisión, sí. Y que empezaron chavales de 18 años. Alexby, por ejemplo, sin ser el más famoso de España, es un tipo que se ha podido comprar una casa a raíz de que, siendo adolescente, se le ocurrió grabar su partida al Call of Duty. Es ridículo. [Ríe] Grabar una partida de Call of Duty es un movimiento generacional, toda una generación se engloba bajo un gameplay de Call of Duty. Eso responde a una necesidad de compartir una partida, un arma favorita. A la necesidad de comunicar. Más allá de que sea colega mío, el caso de Rubius, uno de los más grandes del mundo, históricamente cayó justo en el auge en que los videojuegos se empezaron a ver como algo bien. Él fue el adalid de ‘soy un chaval guay, con sentido del humor y me gustan los juegos’. Una generación entera de chavales vieron que no estaban solos.

Habiéndose comido Youtube a los medios convencionales. ¿Sientes con tus colegas youtubers que hay responsabilidad extra sobre lo que habláis y el por qué?

Yo cuando empiezo un vídeo diciendo que estoy deprimido no busco abrir un diálogo sobre las enfermedades mentales. Lo hago por la cuestión de que no te esperas que alguien abra un vídeo deprimido. El reflejo de la sinceridad es más gracioso.

¿Pura performance?

Todo es performance pero asentado en un poso real de cómo me siento. Pero no busco hacer pensar a la gente. Rehuyo que alguien refleje en mí su propia personalidad.

¿Entonces esa parte más traumática pasa a ser un mero objeto de consumo?

Cuando empecé en Youtube la motivación era hacer los vídeos porque los encontraba graciosos y me entretenía, pero cuando tienes audiencia, y muy marcada como la mía, se generan expectativas, y ahí se jode todo un poco. Ya ha llegado un punto que, sin institucionalizarme, no puedo buscar siempre reinventar la rueda. ¿Cuántas caras tiene mi moneda? Al final hay que echar raíces en algún tipo de contenido.

Pero tu contenido no sólo entretiene. Un tipo que participa en el torneo de Fortnite y que muestre sus problemas emocionales… Parece un modelo importante. Realista, al menos. Jamás Cristiano Ronaldo te ha dicho que tiene un momento bajo…

Y Cristiano vivirá en un momento bajo continuo, seguro… Pero para mí, decir que tengo depresión es la cereza encima del pastel. De ir contra la fórmula. Yo siempre he pensado que mis vídeos, sin ser la séptima maravilla, cuando uno sabe sobre edición, le hacen el doble de gracia. Porque es editar de la forma más incómoda posible. Pero no soy un agente contracultural. Es una faceta.

¿De dónde te viene ese “ir a la contra”?

Muchos youtubers americanos lo hacen. Sobre todo porque Estados unidos nos lleva años de ventaja en el tono. Aquí el 100% de la cumbre de Youtube España está enfocada a un público de chavales, todo el mundo puede entender el mensaje. El mercado americano es más grande y da lugar a la especialización. Yo no quiero rebajarme por tener que hacer una broma. No son bromas para 200 de IQ pero prefiero jugármela a que no se entienda a hacer algo amplio y generalista.

¿Te la juegas mucho?

No estamos bajo el escrutinio de una multinacional solo. Sino de miles de personas. Es jodido el plano de ‘tengo claro lo que digo pero las cien interpretaciones de la misma frase no se sabe a dónde puede llegar’. Decir sobradas, ‘tengo cáncer’, en un sketch, es peligroso. Nunca podrás contentar a todos, pero tienes que tener claro qué decir.

¿Hay líneas rojas?

No lo sé. Para mí, con mis colegas, no las hay. Podemos hablar de cualquier cosa, tienes claro el tono y puedes bromear. Pero cuando haces un vídeo, quién sabe. Conscientemente no tengo, pero las hay. No las puedo estratificar, pero las hay.

Sobrarse con un tema de feminismos o racismos, ¿no?

Cuanto más te la juegues, ‘voy a empujar la broma hasta el límite’, más notas el cambio de expresión en las caras… Tenemos una función de teatro con Yo Interneto y una de la bromas de mi monólogo decía que estábamos reunidos 300 víctimas de bullying en esa sala. Silencio. Está todo bien, hasta que te ríes de mi. [Ríe] El impacto que va a tener en el receptor nunca lo tienes claro, pero juegas con lo que sabes. Malinterpretar está más lejos de entender una broma que de no entenderla, hay una intencionalidad clara de poner el discurso por encima de la broma de uno. Pero no me obsesiona. No estoy dando discursos hilados, sino chorrada tras chorrada, buscando el punch en cada frase.

¿Separas tus ideas políticas de lo que haces en los chistes?

No se puede separar, porque todo forma parte de cómo entendemos el mundo, y aunque hables del Fortnite, tarde o temprano darás una visión de ámbito político y social. Yo apuesto por decir las cosas del tipo ‘ahí queda eso’.

¿A qué te refieres? ¿Te consideras politizado?

No. No creo que sea mi responsabilidad. Ni creo que deba poner a mi audiencia en la situación de si acepta mi palabra o la confronta. Un influencer te cae bien hasta que dice algo de la peli que más te gusta y lo cruzas; a mi me pasa. Pero no puedes estar todo el día caminando por la vara, por las medias tintas. Al final se sabe de qué pie cojeas.

El apoliticismo generalizado en Youtube, ¿es una cuestión comercial?

Cualquier asunto social polariza mucho. ¿Qué gano diciendo mi opinión sobre Catalunya? Habrá quien recrimina que ya que tenemos esta posición deberíamos decir… Y pidiéndome eso asumen que voy a estar en una posición como la suya. Igual soy votante de VOX, pero como hago memes… Realmente, no quieren oírme hablar. [Ríe] Lo que quieren de mí es entretenimiento y, en todo caso, decir cosas que destilan ideas que forjan su personalidad. Yo veo a los youtubers como personajes de un juego del Tekken, no es tanto lo que es cada uno sino lo que no es. La gente escoge un catálogo como en el Pokémon al empezar: hierba, fuego o agua. Un espejo en el que verse reflejado. Tengo claro que chavales jóvenes que van al insti con las melenas, con la camiseta de Slipknot, son el perfil de gente que siente que avalo su tipo de personalidad. Aunque no es mi intención.

Hay youtubers que sí juegan a lo político. Fortfast WTF, por ejemplo.

Sí, y ese contenido político se está abriendo paso. Porque hace cinco años eso era impensable en Youtube, y a día de hoy hay muchísimo. Al final es lo de Un tío blanco hetero: la gente busca algo para ponerse detrás. ‘Cojo tu opinión y la uso como ariete para ir yo detrás’. Pero yo no quiero esa responsabilidad, ni para mí, ni para los que me ven. Yo no estoy para abrir debate. Mis opiniones… Vivo a gusto con ellas, cada dos meses las cambio. No hay réplica, esto es unidireccional. Tengo una vida normal. Voy a mi casa a comer. ¿Volvería a meterme en Youtube sabiendo todo lo que supone? Yo quería hacer Audiovisuales, pero no me dio la nota y entré en Filosofía y Políticas. En Políticas y ya había gente que estaba en la UGT desde los 16. [Ríe] Había gente que su Fortnite era lo político; lo respeto pero no es mi rollo. No fue una movida de causa ni vocación, fue contextual. O sea que seguramente sí volvería a meterme en Youtube. Los mismos problemas que permean mi vida ahora lo harían igual si me dedicara a otra cosa.

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