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Retratos circulares del Besòs

El barrio del Besòs de Barcelona está encajonado entre el mar y el río que le da nombre, como si la gran Barcelona —la cosmopolita, la de los turistas, la de las plazas con tiendas de verdura ecológica— viviera tranquila dándole la espalda. Para los barceloneses de otros barrios y los visitantes eventuales, el Besòs puede ser solo un montón de cemento arrinconado. Los vecinos del barrio tienen la mitad de recursos que la media de sus conciudadanos, y las familias de los barrios más ricos —Pedralbes, Les Tres Torres— tienen hasta un 250% más de dinero que las gentes del Besòs. Entre tanto número, hay personas y familias que viven allí y que tienen una mirada sobre el barrio que habitan. Jona, Tania, Álex, Joaquina y Nico viven en el Besòs desde siempre. Tienen entre 15 y 17 años, son chicos del Cau del Besòs, un proyecto de educación en tiempo libre que se levantó hace 5 años en el barrio. Es muy probable que en pocos años sean monitores de chavales pequeños, pero sus inquietudes son las de un adolescente cualquiera. Embrollos con los estudios, perspectivas y planes de futuro, conflictos emocionales, dedos que se deslizan inquietos por la pantalla del móvil. Son la esencia de Retrats Circulars, un proyecto fotográfico en el que han enseñado cómo ven su barrio a través de cámaras de usar y tirar. El texto que sigue es una conversación entre ellos, en la que hablan de cómo se vive en el Besòs, de los tópicos insoportables, de la elección entre esperanza y desencanto y del proceso de sumergirse en ellos mismos para ver qué esquina del barrio se les clava más profunda.